La Inmaculada Concepción

La Inmaculada Concepción, una solemnidad, es la fiesta patronal de los Estados Unidos. Es uno de los pocos días santos de precepto en el calendario de la Iglesia – es decir, todos los Católicos tienen la obligación de asistir  a misa en este día. Como esta fiesta se encuentra al comenzar el Adviento, es el tiempo perfecto para considerar a María y su papel importante en la celebración de la Navidad.

En 1854, en la solemne declaración del Papa Pio IX, Inefabilis Deus, clarificó finalmente la larga creencia de la Iglesia de que María fue concebida libre de pecado original. Al proclamar la Concepción Inmaculada de María como un dogma de la Iglesia, el Papa expresó con claridad que María fue concebida libre de la mancha del pecado original. Este privilegio de María proviene del hecho de haberla escogido Dios para ser la Madre del Salvador; por lo tanto ella recibió los beneficios de la salvación en Cristo desde el mismo instante de su concepción. (La pintura de arriba muestra a su madre, Ana, con la infante María en su vientre). Este gran regalo a María, una persona ordinaria como nosotros, fue perfecto porque ella fue destinada para ser la Madre de Dios. La pureza y santidad de la Bienaventurada Virgen María es un modelo para todos los Cristianos.

El Catecismo de la Iglesia Católica dice sobre la Inmaculada Concepción de María:

490 Para ser la Madre del Salvador, María fue “dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante” (LG 56). El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como “llena de gracia” (Lc 1, 28). En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente poseída por la gracia de Dios.

491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de gracia” por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

… la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano (DS 2803).

492 Esta “resplandeciente santidad del todo singular” de la que ella fue “enriquecida desde el primer instante de su concepción” (LG 56), le viene toda entera de Cristo: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo” (LG 53). El Padre la ha “bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” (Ef 1, 3) más que a ninguna otra persona creada. El la ha elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor (cf. Ef 1, 4).

493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios “la Toda Santa” (“Panagia”), la celebran como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura” (LG 56). Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

Para más información sobre el papel de María en la Historia de Salvación, lea toda la sección del Catecismo de la Iglesia Católica, §§ 456-511.